Cuando se necesita espacio, las naves industriales en Salamanca pueden ayudar a conseguir ese sitio que se necesita para darle uso.

Si disponemos de materiales que son demasiado grandes, siempre podemos acudir a las naves industriales en Salamanca y disfrutar de zonas diáfanas sin preocupaciones.

Ante la gran dimensión de estas edificaciones y el espacio que poseen, puede resultar curioso el componente arquitectónico de las mismas. La ausencia de pilares en estructuras de tamaño considerable o la iluminación que en ellas penetra hacen que queramos desarrollar la evolución a lo largo de la historia que han sufrido las naves industriales.

Sus inicios se remontan a los siglos XVIII y XIX como consecuencia de la Revolución industrial. Antes de ella, los trabajadores se congregaban en gremios de actividad. Trabajaban en locales destinados exclusivamente a esa finalidad. Posteriormente, dichos locales aumentaron de tamaño y así fue posible el almacenamiento de la maquinaria, la mano de obra y los materiales esenciales para la actividad laboral.

Las primeras naves estaban basadas en la arquitectura civil. Mediante este sistema, el peso se repartía a través de vigas, arcos, madera, y sobre todo, en los muros de carga. Las vigas de madera limitaban que la distancia que separaba a una y otra fuese amplia y, por tanto, no era tarea fácil construir una nave espaciosa. Otro inconveniente se encuentra en las bóvedas. Por su forma y colocación impedían que la luz que penetrase en el interior fuese la suficiente.

Ante estos inconvenientes surge la arquitectura industrial. Se basa en la siderurgia y en diferentes técnicas de unión para conseguir espacios diáfanos y con una mayor iluminación. Como componente esencial de esta nueva técnica se encuentra el acero, que es material fundamental para repartir el peso de los muros de carga.

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